18.3.18

Abrir la puerta

El deseo, ése curioso poder que nos cambia la brújula hacia donde quiere que avancemos.

Hace rato empecé a observar un destino. Uno prohibido. Uno maldito. Uno que destruye. Uno que trauma. Uno que no tiene vuela atrás, ni por asomo.
Le di entidad, lo manifesté y huí.

Hoy aparece una senda poco observada, a la cual años antes no quise ver tampoco. Entro como si nada, y para cuando quiero darme cuenta, la brújula me indica que siga delante. Camino lentamente, siento mi pulso acelerarse, mis manos transpiran pero se sienten frías, temblorosas, al igual que mis pies, faltos de estabilidad para avanzar. Mi cuerpo es un gran temblor, como hace tiempo no lo sentía. Adrenalina. Me ataca el miedo a que sea una trampa y me mantengo cauteloso, avanzando por momentos, pero tratando de no ser atrapado. Me siento observado, siento como no es un ave ni una fiera, sino el camino es quién me come con la mirada, esperando el momento para atacar.

Retrocedo un poco, sin moverme: observo como es el camino el que retrocede, alejando el destino de mi, como si no fuera digno para esa experiencia. Es una trampa, una estrategia para darme coraje a entregarme a pleno. La pregunta es cuánto estoy dispuesto a sacrificar por tal conocimiento. Una pregunta quizá obsoleta, dado mi historial de dar todo por algo distinto; o quizá con mas fuerza que nunca, debido a lo aprendido en riesgos anteriores.

Sé que lo que aprenda pueda llegar a ser muy útil, pero también me puede costar la vida.

Tanta es la demora que la adrenalina se fue. Los temblores se calmaron. El camino ya no me observa. La tensión magnética es débil.

Ahora queda en mí si vuelvo al camino, si echo luz en él desde fuera, o si le abro la puerta para que entre, y así me transformo en el camino.

No es algo que pueda hablar con cualquiera, no hay amistad ni amor tan fuerte como para enfrentar una situación así empáticamente.

Observar a la sociedad y a sus agentes como eso mismo y no como personas, me lleva a encontrarme pensando cosas fríamente, con una actitud desconsiderada que, siempre que la expreso, o bien se toma a broma o se toma en serio, pero como algo negativo.

Mi concepción del amor, del deseo, de la vida: siempre bajo la lupa, tomado con pinzas, rechazado con espanto, negado por miedo. Pero deja semillas que bajo condiciones apropiadas, crecen.

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