8.4.11

En lo violeta de la noche

En la penumbra muchas ideas convergen en mi. Todo aparece, soy todo lo que deseo y todo lo que deseo es y será siempre en mi. Eternos remolinos de blanqunegros colores, firmes y poderosos, siempre blancos y negros, jamás grises. O todo es bueno, o todo es malo. Pero todo es junto. Todo es asimilado. Todo es nada, y es todo, lógicamente. Y paradójicamente. De día sueño, y de noche soy. De día planeo, y de noche concreto. De día duermo y de noche vivo. En momentos de transición. Es cuando percibo todo más claramente.
Una idea se encarna en mi cerebro como una astilla, dolorosa y penetrante, y saldrá cuando tenga que salir. Lo de las ideas y las astillas estoy casi seguro de que no es mío, lo tomé de algún lado. Pero eso sucede conmigo, siento que ya nada es mío. Todo lo que soy en realidad lo son otros, y soy otros pero en uno. Es horrible la sensación de ver que nada es tuyo. Muchos años así. Pero de a poco comprendí que entre todos se puede lograr algo, y de entre todos los yo, puedo aparecer yo; como un yo propio y nuevo. Se cosas de mí. Se que me gusta y lo que no. Pude meter a un experto ajeno en mi habitación, en mi espacio propio, y realmente me está yendo bien. Estoy siendo sincero conmigo mismo por vez primera, pero primera de verdad. Mis planteos son concretos y las conclusiones son irremediablemente poderosas. Me gusta y no me asusta, me alegra conocerme, plantearme, y enfrentarme. Porque la lucha se sigue dando. Comienzo a pensar que puede que no tenga fin. Ahora, él está atado, amarrado, aislado, pero dentro. siempre dentro. Un punto negro, o un punto blanco, depende como se lo vea y quién lo vea. Dentro de mi. Está apresado, pero no silenciado. Y no se calla, no esta callado. Habla, habla mucho, y sigue lastimando. Ahora la batalla es pareja. Solo tengo que resistir la dulce tentación de caer otra vez, es decir que ahora depende de mi. Ya no me maneja más. Soy solo yo y mi voluntad, solo yo y mi fe, solo yo. Y él. Que está siempre ahí. Y siempre lo estará. Hasta el día que no haya siempre. Y después también.

Cuando todo

Cuando todas las demás luces se apagan, se enciende el cerebro.