Cuando pensé en todo, sentí que todo era mucho. Me superaba. Me sentí aplastado, apesumbrado, desesperado. Tuve miedo. Pensé en huir, pero no tenía donde. Pensé renunciar, pero no sabía como podía hacerlo, ni siquiera si podía.
La resignación hizo presencia en mí, y en mi voluntad. Resignación. Asumir el cargo de lo que debía hacer, sin entender por qué.
Seguir con mi vida, incorporando los cambios, me hacía pensar que ya no podría seguir con mi vida, por lo menos no con esa vida que llevaba hasta ese momento. Esa vida se fue, se esfumó por completo y para siempre con una charla menor a diez minutos. Las palabras fueron como un tren que me arrolló, que me embistió por sorpresa y ahí estaba yo, destrozado, desangrándome, viéndome morir lenta e inevitablemente, sintiéndo como se iba todo de mi cuerpo, para dejar entrar lo nuevo, lo desconocido. Mi destino.
31.1.12
23.1.12
Dejar salir
Dentro de mi mente, si te bloqueo, yo tengo el control. Yo te controlo. Yo decido si entrás o salís, yo decido mantenerte bloqueado o si quiero liberarte, para mirarte, en medio de la noche.
Lo malo es que si te libero, puedo perder el control sobre vos.
Lo malo es que si te libero, puedo perder el control sobre vos.
10.1.12
En el calor de la noche
Un poco de insomnio, sumado con malestar estomacal, calor, mosquitos y paranoia, me llevaron a pensar en el pasado. Por ejemplo, viajé al año 2008, recordé que ahí se situó el comienzo de algo a lo cual ya no quiero volver, y aunque me duele el pensar en ello, agradezco que haya sucedido en mi vida, me eneñó mucho. Ahora se que debo dormir, que debo seguir adelante, pero siempre hay cosas que me frenan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)