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Ella es Hanna; se escapa de las cámaras pero es muy fotogénica. Tiene aproximadamente 10 años, entró en nuestra vida cuando la dejaron atada con un alambre en el cuello al esqueleto de un auto abandonado enfrente de casa. Era solo una cachorrita, mi hermana la vió y con una pinza cortó el alambre del cuello. La perrita adoptó ese auto como su hogar y dormía ahí dentro todas las noches. Una vez prendieron fuego el auto y afortunadamente no le pasó nada. Pero cuando volvió a dormir allí su cuerpo se llenó de cenizas y su pelaje marrón se volvió gris. Crecía rápidamente con el alimento que le dábamos los vecinos y tenía varios nombres, ahora solo recuerdo “Chiquita” y “Mara” (se lo puso una vecina por Diego Armando Maradona -?-). Pronto se llevaron las chapas del auto y la perrita comenzó a dormir en la puerta de mi casa, ya que mi madre la bañaba, le proporcionaba una gran dosis de afecto y le daba de comer. Al tiempo pasó a estar del lado de adentro de la reja y, luego de muchas veces de convencer a mi padre se ganó el fondo.
Cuando mi madre falleció en el año 2002 me hice cargo de mi hermana peluda, llamada Hanna por mi hermana desde que ya fue oficialmente nuestra. En estos 10 años de vida ha tenido diversas enfermedades, pero siempre siguió adelante por el amor a la vida que tiene. Siempre conservó el espíritu de perro callejero que la mantiene aún joven y alegre. Nunca mordió a nadie, ni siquiera a algún ladrón en las veces que entraron a robar. Es muy sociable. Es una parte más de mi vida. -Marko-
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